Habitantes de aldea hondureña soterrada por derrumbe no pueden creer qué pasó

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Imagen de referencia EFE/Jose Valle

La Reina, Honduras– Los habitantes de la aldea La Reina, en el occidente de Honduras, que fue soterrada por un descomunal derrumbe, a causa de las intensas lluvias que dejaron las tormentas tropicales Eta e Iota, en noviembre, se resisten a creer entre los escombros qué pasó en su comunidad.

«No lo pueden creer todavía, porque no se mira, unas pocas casas quedaron con los techos a la orilla de donde comienza el cerro», dijo a Efe el sacerdote franciscano Leopoldo Serrano, quien desde que conoció de la tragedia de La Reina, sin que se registraran víctimas mortales, el 24 de noviembre, emprendió una campaña a favor de los damnificados.

Serrano relató que las viviendas, algunas de madera, otras de adobe y cemento, fueron arrastradas por grandes rocas, agua, lodo y árboles enteros desde el centro de un cerro.

Por el dantesco panorama de la aldea sepultada, ahora que ya se puede acceder al sitio, con algunas dificultades, porque la tierra se sigue hundiendo, pareciera que fue causado por un gran terremoto.

EL AGUA HIZO CEDER AL CERRO LA CORREA

Serrano dijo que el enorme derrumbe en el centro del cerro La Correa, se debió a que en la parte alta, por el daño ambiental que ha sufrido, por la tala de árboles, se formó una laguna.

«Eso hizo que la tierra se desprendiera, arrastrando y sepultando a toda la aldea», indicó el religioso, quien sigue impactado por lo que sucedió en La Reina en noviembre.

La iglesia de La Reina, construida con paredes de cemento y techo con láminas fuertes de zinc, fue arrastrada decenas de metros y es de las pocas construcciones de las que al menos se divisa el techo, bajo el cual están muchos escombros.

Trozos de una imagen de barro de la virgen de Guadalupe, patrona de México, entre otras cosas, quedaron esparcidas en el sitio donde quedó la iglesia, en la que Serrano nunca ofició misa.

A la par del cerro La Correa, a la izquierda, está el de El Higo, más alto que el primero, donde Serrano ofició misa en la aldea de ese lugar, el 23 noviembre, un día antes de que La Reina fuera sepultada.

Serrano señaló que El Higo, por lo vulnerable que ha quedado Honduras, desde el devastador paso del huracán Mitch, en 1998, también representa una amenaza para varias aldeas.

Agregó que el día que fue sepultada La Reina, él que vive a unos diez kilómetros, en Valle Verde, a orillas de la carretera que lleva hacia las fronteras de Honduras con Guatemala y El Salvador, escuchó «varios estruendos» y que el día siguiente conoció de la desgracia por imágenes que enviaban algunos de sus habitantes.

LA GENTE PARECIERA QUE HA PERDIDO HASTA LA ESPERANZA

«El pueblo de La Reina tenía como unos 90 años de haber sido fundado, a inicios de su creación solo eran unas pocas casitas de paja, eso cuentan los primeros pobladores», dijo Serrano, quien durante el recorrido que hizo con Efe se encontró con varios pobladores.

Algunos de ellos iban a ver qué encontraban donde fue su casa, otros regresaban de cortar los pocos granos de café de sus pequeñas fincas, que quedaron partidas, con enormes grietas. Otras, ni siquiera se ven, porque están totalmente, como sus casas, sepultadas bajo miles de toneladas de tierra, rocas y árboles.

«Eso es lo que ha pasado, la gente está triste, desesperada pareciera, que ha perdido todo, hasta la esperanza, porque aquí ya no se confía en nadie, sólo en Dios», expresó el religioso.

Entre tantas adversidades y reconociendo que son muchas las regiones de Honduras afectadas por Eta e Iota, Serrano abriga «la esperanza de que alguien tendrá misericordia de esta gente, que nos podrá apoyar, especialmente consiguiendo la tierra para construir de nuevo La Reina.

Una de las peticiones de Serrano, particularmente al Gobierno, es que autorice un predio de las tierras que se le han incautado a narcotraficantes en el occidente de Honduras, para llevar a los habitantes de La Reina a que levanten su nueva aldea, un poco cerca del cerro donde vivían, porque a algunos les quedaron en los alrededores algunos cultivos que podrían rescatar.

«Si el presidente Juan Orlando Hernández respondiera al llamado que le venimos haciendo desde el derrumbe que sepultó a La Reina, de un terreno para fundar la nueva aldea La Reina, su gente, dentro del dolor que le embarga, podría pasar una feliz navidad», dijo Serrano.

LA REINA ANTES SE LLAMÓ EL DILUVIO

Según apuntes históricos, el pueblo de La Reina originalmente se llamó El Diluvio, porque llovía hasta tres días seguidos, pero fue hasta hace unos 50 años que el sacerdote Roque Casal le cambió el nombre, para llamarse La Reina de los Ángeles.

Luego del derrumbe que sepultó a La Reina, muchos de los damnificados son atendidos por el equipo de franciscanos en Valle Verde, y los domingos se reúnen para celebrar misa, a la que llegan otros afectados que están viviendo en albergues cercanos.

Serrano, natural de Guarita, en el departamento de Lempira, en el occidente de Honduras, es uno de siete hermanos que quedan vivos, de trece que tuvieron sus padres.

Su vida religiosa la inició en 1987 y, en 1988, fue noviciado en Ocotepeque, también en el occidente hondureño.

Luego se trasladó a Nicaragua y después a Costa Rica, donde recibió su formación en filosofía y teología.

«También ha estado en la Mosquitia hondureña, limítrofe con Nicaragua, y en Ocotepeque se ordenó como sacerdote.

En ese lugar trabajó ayudando a jóvenes para que no se metieran en pandillas.

Después estuvo en San Marcos de Ocotepeque, donde entre otras cosas creo una liga de fútbol y, durante una estancia de unos seis años en Nueva York, trabajó con latinos.

Más tarde volvió a Ocotepeque, donde con otros sectores fundó el Instituto San Francisco de Asís, de primaria y secundaria.

Su labor sacerdotal también le ha llevado a Macuelizo, Santa Bárbara, siempre en el occidente de Honduras, además de ser el fundador de la congregación Hermanos Franciscanos de la Misericordia, «para atender a los descartados de la sociedad especialmente a los alcohólicos y drogadictos».

«Hemos fundado un centro, un hogar de hermanos sanfranciscanos y nuestro objetivo es rescatar personas de la calle, que ya no valen nada para la sociedad, para darles de nuevo la dignidad que se merecen y levantarlos», indicó Serrano.

El religioso ahora clama por ayuda para los damnificados de La Reina, para quienes se les está agotando las donaciones de alimentos que recibieron en la primera semana de la tragedia. EFE