El fútbol y los emigrantes argentinos que han hecho historia en Honduras

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El entrenador argentino Diego Martín Vázquez posa durante una entrevista con Efe el 29 de abril de 2022 en Tegucigalpa (Honduras). EFE/Gustavo Amador

Tegucigalpa.- En los últimos 70 años Honduras ha recibido a muchos inmigrantes latinoamericanos que no hicieron escala con el objetivo de llegar a los Estados Unidos de manera ilegal, sino para quedarse como futbolistas y entrenadores en el país centroamericano, algunos para siempre o de manera temporal.

El fútbol ha hecho venir a Honduras a muchos foráneos, en su mayoría argentinos, brasileños y uruguayos, aunque también figuran colombianos, chilenos, paraguayos y muy pocos centroamericanos y mexicanos, entre otros.

Una muestra de la presencia argentina en el fútbol de Honduras son los tres técnicos que están dirigiendo a tres de los cuatro mejores equipos del país: Olimpia, Real España y Motagua.

El Olimpia, último campeón, tiene como timonel a Pablo Lavallén; el Real España a Héctor Vargas y el Motagua a Hernán Medina, mientras que el Marathón tiene en el banquillo al uruguayo Manuel Keosseián.

Héctor Vargas de hecho se quedó para siempre en Honduras, país al que llegó en 1997.

Ese mismo año, pero como jugador, en el puesto de portero, lo hizo Diego Vázquez, un argentino de Mendoza, que llegó para dejar una huella en el Club Motagua, de Tegucigalpa.

En el Motagua, Vázquez, ahora argentino-hondureño, fue campeón como portero en cinco ocasiones, y también levantó otras cinco copas como entrenador con el mismo club, al que dirigió durante ocho años, hasta febrero pasado.

La mayoría de los técnicos y futbolistas extranjeros que han llegado a Honduras, incluso europeos como el portugués Fernando Mira, que actualmente dirige al Vida, o el colombiano John Jairo López, al Honduras Progreso, tienen en común que no salieron de sus países huyendo de la violencia criminal o asfixiados por la falta de un empleo.

Ese no es el caso de unos 600 hondureños comunes que a diario abandonan su país con la idea de llegar de manera ilegal a Estados Unidos porque no consiguen trabajo o son víctimas de una creciente criminalidad en su país.

VÁZQUEZ NO LLEGÓ A HONDURAS POR UNA NECESIDAD

Diego Vázquez, de 50 años, llegó a Honduras luego de una propuesta de un amigo, Jorge Rivera, y en 1997 fue contratado como portero del Motagua, lo que marcó una carrera en su vida que le llevaría a otros equipos de Honduras, y el Suchitepéquez, de Guatemala, hasta su retiro en 2011 en el hondureño Deportes Savio.

«Era primera vez en un equipo grande y sí, me gustó venir, pero tampoco era de que me iré por alguna necesidad, ya fuera económica o de algún otro tipo, para nada», dijo Vázquez a Efe al recordar sobre su llegada a Honduras, donde acapararon mucho su atención «sus costumbres diferentes» y otra «cosas folklóricas y autóctonas que acá son muy lindas».

Sobre el tema de la migración, señaló que «siempre que uno viene piensa ‘me voy a estar un tiempo y voy a regresar’ (a su país), sin decir un tiempo determinado y así me fui quedando en Honduras.

Siempre, lógicamente, los emigrantes añoran su país».

Añadió que después de estar viviendo 25 años en Honduras, que representan la mitad de su vida, «me siento un hondureño más».

Vázquez estaba jugando en el Independiente, de Mendoza, cuando conoció de la oferta para venir a Honduras, de donde regresó a su país después de que se desligó del Deportes Savio en 2011, para ir a formarse como entrenador, sin imaginarse que tras graduarse recibiría una nueva oferta del Motagua, esta vez para dirigirlo.

«Honduras es un destino espectacular para nosotros, recordá que en Argentina no hay Caribe. Seduce mucho la naturaleza, el mar, el clima, que es permanente tropical, allá no, están las cuatro estaciones, y bueno, aquí es una diversidad de temas», subrayó el técnico suramericano.

Añadió que después de salir del Motagua se está tomando un descanso, aunque extraña «lo cotidiano del fútbol» y no descarta que le llegue una oferta para dirigir ya sea en Honduras o el extranjero. Mientras, tanto, sigue en su segunda ocupación en Honduras, la venta de vinos de Mendoza, y bromea diciendo que «el que no vendo me lo tomo».

De la gastronomía hondureña le «gusta mucho la sopa de caracol», y que de su país, aunque es muy poca la oferta, no faltan los asados argentinos y las empanadas.

Resaltó que la migración le ha traído a Honduras y dijo estar «muy agradecido con el Motagua por todo el tiempo que me ha dado».Hasta ahora, Vázquez espera quedarse en Honduras y pronto viajará a Argentina a visitar a sus familiares y amigos. Dos hijos suyos estudian en Estados Unidos.

«Honduras siempre es mi base. Desde hace 25 años que estoy acá y por más que pueda salir esporádicamente, siempre voy a estar ligado a este hermoso país», apostilló. EFE