Huracanes Eta e Iota agravaron condición de animales de patio en Nicaragua

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Fotografía con data del 30 de noviembre de 2020 del campesino Marvin Contreras junto a Chico, su perico que rescato de la crecida del rio Ulúa causado por las tormentas tropicales Eta y Iota en la comunidad de Omonita en el norte de Honduras. Habitantes de La Democracia, un barrio a orillas del caudaloso río Ulúa, en el norte de Honduras, que ha quedado con sus casas inundadas de lodo y basura a causa de las tormentas tropicales Eta y Iota, claman por ayuda para regresar a sus hogares, de los que la mayoría quedaron inhabitables. EFE/Germán Reyes

Managua – El paso de los huracanes Eta e Iota en Nicaragua agravó las limitadas condiciones en que viven los animales de patio en la zona de impacto (noreste), la más aislada y pobre del país, informó este miércoles un enlace local de la organización Protección Animal Mundial (WAP, por sus siglas en inglés).

«Ya eran vulnerables con o sin huracanes, porque en las comunidades en las que viven no son prioritarias como ocurre con el Pacífico. Son animales sin esquemas de desparasitación continuos, ni de vacunación, les cuesta ganar peso y se enferman fácilmente. Encontramos algunos que no habían comido o habían comido poco, heridos, golpeados», dijo a Efe Noelia Zepeda, enlace de WAP en Nicaragua.

Zepeda formó parte de un equipo auspiciado por la WAP, y apoyo del Club Rotario, que incluyó a cuatro veterinarios, que viajaron a Bilwi y algunas comunidades cercanas, en el Caribe norte, hace tres días, para atender a los animales de patio, en un momento en que los humanos acaparan todas las atenciones.

La brigada encontró animales heridos o golpeados, posiblemente cuando fueron alcanzados por algún objeto que volaba entre los vientos de hasta 240 kilómetros por hora desarrollados primero por el huracán Eta el 3 de noviembre pasado, y luego por Iota el 16 del mismo mes, ambos con categoría 4 en la escala Saffir-Simpson, de un máximo de 5.

Ciertos animales presentaron heridas tras haber pisado clavos, o lesiones que parecían haber sido causadas por un tronco o lámina de zinc, material utilizado para el techo de las casas en Nicaragua, relató Zepeda.

CON MIEDO Y SIN COMER

«Muchos animales seguían asustados y tenían miedo de ser sujetados, incluso con los dueños. Algunos presentaban enfermedades en los pies, respiratorias, infecciones», agregó.

La brigada dio de comer y realizó cirugías menores a un promedio de entre 600 y 700 animales de patio por día durante tres jornadas, el alivio fue esperanzador, pero insuficiente, según los veterinarios.

«Si no se les da seguimiento, no hay garantía de que vayan a sobrevivir», explicó Zepeda.

El problema es mayor porque se trata de gallinas, caballos, cerdos, que sirven de alimentos o como fuente de ingresos de familias que lo perdieron todo con el paso de los dos huracanes en un lapso de 13 días, la mayoría de ellas indígenas, que habitan en la ciudad de Bilwi, o en las comunidades miskitas Wawa Bar, Karata, Lamlaya, y Sasha.

«Es importante el seguimiento porque estos animales son el sustento de muchas familias. Un caballo de esos quizá vale 3.000 córdobas (86,3 dólares), pero para un comunitario es imposible recuperarlo, y esto ha sucedido siempre. Ahora los suelos están anegados, ¿qué va a comer el ganado?, no se puede sembrar, ¿de qué van a vivir esas familias?», cuestionó Zapata.

El Gobierno de Nicaragua ha estimado en 742 millones de dólares las pérdidas causadas por los huracanes de noviembre pasado, un cálculo que no incluyó el impacto en los animales de patio.

La brigada espera continuar gestionando recursos para volver a la zona, e intentar salvar a más animales, y a sus familias. EFE