Honduras presenta una sobrepoblación carcelaria de más del 200%

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Tegucigalpa.-En un ranking del World Prison Brief (WPB), la principal base de datos mundial sobre asuntos penitenciarios, que es compilado por el Instituto para la Investigación de Políticas de Crimen y Justicia (ICPR, por sus siglas en inglés) en Reino Unido, Honduras aparece en el puesto número 6 como uno de los países con las cárceles más abarrotadas de la región.

Hay seis naciones donde la cantidad de presos es el doble, el triple o el cuádruple del espacio que existe para albergarlos.

Estos países están distribuidos geográficamente por toda la región: dos son de Sudamérica, dos de América Central y dos del Caribe.

El que tiene la peor situación, por lejos, es Haití, el país más pobre del continente americano, que tiene una ocupación carcelaria del 454.4%.

Le sigue Guatemala, que triplica la capacidad de su sistema penitenciario, con el 367,2% de ocupación, y Bolivia, con 269,9%. Estas tres naciones están entre las diez con peor sobrepoblación del mundo.

Granada (233,8%), Perú (223,6%) y Honduras (204,5%) completan el cuadro de países latinoamericanos y caribeños con poblaciones carcelarias que duplican el espacio disponible.

Un problema judicial

«El problema principal es de la justicia penal, no del sistema penitenciario, que no decide quién está allí», dice a BBC Mundo César Muñoz, investigador senior en el departamento de América Latina de Human Rights Watch (HRW).

Muñoz apunta a dos falencias específicas de la justicia: su lentitud y su «uso excesivo de la prisión preventiva».

Las cifras del WPB son muy elocuentes sobre lo segundo: en Haití, por ejemplo, el 81,9% de los presos están detenidos sin juicio.

En Paraguay es el 71.7% y en Bolivia el 65%. En promedio, más del 40% de los reclusos en Sudamérica están presos sin condena. En América Central, la cifra promedio es del 35%.

Si a eso le sumamos el hecho de que los procesos judiciales en la mayoría de los países de la región tardan años, se empieza a entender por qué las cárceles se van llenando y superando su capacidad.

Política de drogas

Pero a todo esto se suma un fenómeno más reciente que es clave para comprender por qué se han multiplicado los presos latinoamericanos en tan pocos años, afirman los especialistas.

«Hoy uno de los principales motivos para estar en la cárcel es la venta de drogas», dice experto.

«Pero la mayoría de las personas apresadas no son narcotraficantes, sino jóvenes que intermedian entre quienes venden y compran», señala, en referencia al comúnmente llamado «menudeo de drogas».

«En América Latina a toda persona que vende droga le dicen traficante, pero en Europa solo llaman así a los que están en la cima», observa.

«Poner a esas personas, ya sea con prisión preventiva o con condena, en cárceles que están controladas por grupo delictivos al final empeora la seguridad pública, porque van a estar en verdaderas universidades del crimen», explica.

El problema de las bandas

En su libro «Prisons and Crime in Latin America» (Prisiones y Crimen en América Latina), publicado este año, los académicos Gustavo Fondevila y Marcelo Bergman señalan que las cárceles han pasado de ser «instrumentos de incapacitación, disuasión y rehabilitación a impulsores de violencia y criminalidad».

Los enfrentamientos entre los grupos criminales que controlan las cárceles son las que llevaron a las masacres carcelarias en Ecuador, y a motines recientes en varios países más de la región, como Perú, Venezuela y Brasil.

«La sobrepoblación carcelaria favorece el crecimiento de las redes criminales porque hay menos control del Estado», dice Muñoz.

Y da un ejemplo: «Si tú tienes una celda que es para cinco personas, pero hay 30, los guardias no pueden mantener el control allí. Entonces el hacinamiento favorece el crecimiento de grupos criminales.»

«Las prisiones son un elemento muy importante de estas redes» agrega. «Porque son un lugar de reclutamiento».

«De hecho, en la región tenemos muchos casos de grupos criminales que se crearon en las prisiones y luego realizaron negocios ilícitos fuera de las cárceles», destaca, poniendo como ejemplo a la organización criminal más grande de Brasil, el Primer Comando Capital (PCC).

Darke, por su parte, dice que en muchos países las autoridades penitenciarias «necesitan a las pandillas para organizar el funcionamiento de la cárcel».

«En algunos lugares estas bandas incluso son designadas por el sistema penitenciario para llevar el orden», asegura.