De Pinochet a Ortega, últimos precedentes en privar la nacionalidad natural

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Tegucigalpa.- Cuando triunfó la revolución sandinista en Nicaragua, en julio de 1979, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, ahora desnacionalizado, fue uno de los cinco miembros de la Junta de Gobierno que entraron triunfales a la Plaza de la Revolución en Managua.

Ramírez, Premio Cervantes 2017, iba en lo alto de un camión de bomberos, junto a otros cuatro miembros de la Junta de Gobierno, incluido el que sería el coordinador y luego presidente, el actual mandatario, Daniel Ortega. Todos festejaban la caída de la dictadura de Anastasio Somoza Debayle.

Ramírez, que se exilió en España en octubre de 2021 tras una orden de detención dictada contra él por su antiguo compañero, ha pasado de ser protagonista de la revolución y vicepresidente de Nicaragua (1985-1990), a ser la cara y cruz de la moneda sandinista y «un traidor» para Ortega, quien ahora, casi 44 años después de aquella icónica foto en la Plaza de la Revolución, lo ha desnacionalizado por estar en la acera opuesta.

«Ya el traidor de Sergio Ramírez está haciendo sus análisis y dice que hicimos mal, que teníamos que haberlos sacado en poquitos, a cambio de… habla de una negociación (…) como un mercenario», lanzó Ortega cuando el pasado 9 de febrero anunció la excarcelación y deportación de 222 opositores a Estados Unidos, a quienes luego privaron de su nacionalidad.

DE «HÉROES» SANDINISTAS, A APÁTRIDAS

Seis días después de ese discurso, un Tribunal de Apelaciones de Managua retiró la nacionalidad al Premio Cervantes y a otros 93 nicaragüenses por «traición a la patria».

La lista incluía a Moisés Hassan, otro de los cinco miembros de la Junta de Gobierno. También a Luis Carrión, uno de los nueve comandantes de la revolución que luchó contra la dictadura de Somoza.

Antes se la habían quitado a la mítica guerrillera Dora María Téllez, una de las prisioneras de Ortega y quien en 1978 arriesgó su vida en el asalto al Palacio Nacional para liberar a 60 presos políticos, entre ellos Tomás Borge, Doris Tijerino, René Núñez, y otros dirigentes sandinistas.

Y además, al combatiente histórico Víctor Hugo Tinoco, quien fue vicecanciller de los sandinistas.

«PINOCHET 1973 // ORTEGA 2023»

«Augusto Pinochet 1973 // Daniel Ortega 2023», escribió en su Twitter el investigador Juan Pappier, subdirector en funciones de la división para las Américas de Human Rights Watch (HRW), al comparar la reforma constitucional chilena de 1973 que facultaba quitar la nacionalidad a un natural de Chile, con una ley expedita promovida y aprobada por los sandinistas en Nicaragua la semana pasada.

El tema de la desnacionalización sigue en la memoria de los chilenos, y las últimas medidas de Ortega a muchos les recuerda lo que hizo Pinochet hace medio siglo.

El exministro de Relaciones Exteriores de Chile Heraldo Muñoz, al referirse a las medidas adoptadas en Nicaragua, señaló a Ortega de seguir «la lección del dictador Pinochet que privó de nacionalidad a Orlando Letelier. Una vergüenza en el siglo XXI».

Letelier, quien fue ministro de Relaciones Exteriores y de Defensa de Salvador Allende (1970-1973) y militante del Partido Socialista, sufrió un agravio por parte de la dictadura cívico militar de Pinochet, antes de que un atentado terrorista le quitara la vida en Washington D.C.

A través de un decreto firmado por quince ministros el 10 de septiembre de 1976, Letelier fue despojado de su nacionalidad chilena, quince días después que publicara en Estados Unidos su emblemático ensayo «Los ‘Chicago Boys’ en Chile: el terrible precio de la libertad económica».

Letelier, un prestigioso político chileno, ya en el exilio, empezó a trabajar desde el campo intelectual tanto en Estados Unidos como en Países Bajos, que lo hacían una figura de renombre internacional con capacidad de armar un polo opositor al régimen pinochetista, lo que lo llevó al ojo de la Junta Militar.

CASO DE LETELIER, UN REFERENTE PARA NICARAGUA

El caso de Letelier «se da en un contexto de dictadura y persecución a los opositores al Gobierno encabezado por Augusto Pinochet, constituyendo, por tanto, un referente ineludible para evaluar lo que ocurre hoy en Nicaragua», dice a EFE el profesor de Derecho Internacional y Constitucional de la Universidad Central de Chile, Edgardo Riveros Marín.

«Es un caso que posee un especial simbolismo -aun cuando no es el único en que se aplicó esta medida por la dictadura en Chile- toda vez que se le privó de la nacionalidad chilena pocos días antes del atentado terrorista ocurrido en Washington que le quitó la vida», explicó Riveros Marín, vicecanciller de Chile entre 2014 y 2018.

Otro de los chilenos convertidos en apátrida por decisión de Pinochet fue José Manuel Zambrano, experiodista de EFE ya fallecido, quien se exilió en Londres y regresó a Chile con la democracia y fue jefe de prensa del Senado.

La Asociación Latinoamericana para los Derechos Humanos, ante lo que sucede en Nicaragua, ha señalado que ello «emula las peores prácticas represivas que en su hora utilizaron las dictaduras de Videla en Argentina y Pinochet en Chile».

EL EXMINISTRO DE LULA

En Brasil hubo un caso similar. En 1969 la junta militar decretó que quince opositores involucrados en el secuestro del entonces embajador estadounidense, Charles Elbrick, fueran «prohibidos del territorio nacional».

El decreto, sin embargo, no aclaraba si se les retiraba la nacionalidad o sólo se les impedía entrar a Brasil. En la práctica no les permitía obtener un pasaporte y los colocaba en una situación equivalente a la apatridia.

Entre los afectados estaba José Dirceu, quien después fue ministro del primer Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y acabó en la cárcel por corrupción.

En 1978 se abolió ese decreto, un año antes del decreto de amnistía de 1979.

EL CASO VARGAS LLOSA

En Perú hay un caso que no se llegó a concretar, pero tuvo mucho impacto: el del escritor Mario Vargas Llosa.

Entre 1992 y 1993, hubo rumores acerca de la posibilidad de que el gobierno de Alberto Fujimori (que había derrotado a Vargas Llosa en las urnas) le quitara la nacionalidad.

Ante esa posibilidad y tras el autogolpe de Fujimori, España le concedió la nacionalidad por temor a que el escritor se convirtiera en apátrida. Finalmente, Fujimori no se atrevió a despojarle de la nacionalidad.

En el caso de Cuba, Gobierno del que Daniel Ortega es aliado, se castiga de forma extrajudicial a ciertas personas -en su mayoría opositores, activistas y periodistas- con medidas relacionadas con sus pasaportes, sin retirarle la nacionalidad.

En los demás países latinoamericanos, incluida paradójicamente Nicaragua, la Constitución prohíbe de manera expresa retirar la nacionalidad de un natural por nacimiento.

Aún así a Ramírez (Masatepe, Nicaragua, 1942), otrora número dos de Ortega, lo han desnacionalizado, pero el escritor sostiene que «mientras más Nicaragua me quitan, más Nicaragua tengo». 

EFE