Arquidiócesis de Tegucigalpa pide el cese de la violencia y el odio en Honduras

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Tegucigalpa. La Arquidiócesis de Tegucigalpa pidió este domingo el cese de la violencia y el odio e instó a vivir una reconciliación entre hondureños.

En la celebración eucarística realizada en la iglesia Catedral Metropolitana, presidida por el padre, Juan Carlos Martínez, párroco de esta comunidad , el presbítero durante la homilía correspondiente al séptimo domingo del tiempo ordinario expresó “la palabra de Dios este domingo pareciera que nos dice, un alto a la violencia, un no al odio y empecemos a edificar en el amor, a construir la paz, a reconciliarnos unos con otros, necesitamos la paz interior, necesitamos el amor, necesitamos el perdón”.

El sacerdote se refirió a la ley del Talión que estaba vigente en tiempos de Jesús, la que era una ley, no de venganza, sino para frenar la violencia, poner límite a la venganza y hacer posible la convivencia pues el castigo nunca debía sobrepasar la ofensa. Consistía en hacer sufrir al delincuente un daño igual al causado por él, una ley progresista en la cultura primitiva.

Jesús propone otro camino en la convivencia humana. Con la predicación de su evangelio, propone la no violencia ante las actitudes de venganza.

Entre sus seguidores debe prevalecer el amor, que lleva a practicar la corrección fraterna a aquel que lanza una ofensa contra el prójimo.

Más adelante, el religioso se refirió a la petición de Jesús de amar al enemigo, lo que no significa tolerar las injusticias ni retirarse cómodamente de la lucha contra el mal, amar al prójimo significa aceptar, respetarlo, admirarlo y mirarlo con misericordia.

“Jesús insiste en que liberemos nuestra capacidad de amar ante los que nos rechazan. Si vivimos contra el amor, nos destruimos recíprocamente y destruimos el mundo en que vivimos”, apuntó el sacerdote quien acotó que Jesús ha entregado su vida por todos, superando así las divisiones ramificadas por una ley que separa a los malos de los buenos, a los justos de los injustos.

Señaló que, en el evangelio de este domingo, se está tocando la novedad y la originalidad del mensaje de Jesús que desborda los límites de organizar a la sociedad.

“El cristiano es alguien diferente en el sentido que está situado más allá del espacio de la ley, más allá del espacio de la moral, está situado en el espacio que ha sido descubierto por Dios, como Padre y como amor, y desde ahí surge una mirada nueva, una mirada nueva sobre el ser humano, sobre el mundo, una mirada nueva de amor, de misericordia, de reconciliación”, refirió el párroco.

Reflexionó que ciertamente vivimos en una sociedad cada vez más violenta, más competitiva, a gran escala y también a pequeña escala, ante la violencia de la guerra y el terrorismo, de las leyes injustas y también de la violencia de cada día, la que sufre en casa, en el trabajo, la que nosotros practicamos.

Ante esas realidades, Jesús, en el evangelio, propone una alternativa, desarmar el corazón, entrar a un nuevo estilo de vida, pensar y actuar como Dios quiere, según su voluntad por lo que realmente el mensaje de este domingo está en consonancia con la campaña de evangelización que los obispos han propuesto para este año, un llamado a la reconciliación, un llamado a la reconciliación sobre la justicia y la verdad, una invitación a ser realmente un signo creíble de Dios, subrayó Martínez.

“El mundo puede dejarse llevar por el odio, por la violencia, el mundo puede actuar de cualquier manera, pero el cristiano debe demostrar la diferencia de lo que Dios le ha puesto en el corazón. La palabra de Dios este domingo pareciera que nos dice, un alto a la violencia, un no al odio y empecemos a edificar en el amor, a construir la paz, a reconciliarnos unos con otros, necesitamos la paz interior, necesitamos el amor, necesitamos el perdón. Es una invitación a liberarnos de la violencia, de la competitividad, del rencor que desgasta y mata poco a poco nuestras energías de vida”, recalcó.

Reiteró que todo el mensaje del evangelio este domingo es un retrato de amor del corazón de Cristo.