La pandemia sigue avanzando en cárceles de Brasil y sus familias a oscuras

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Pero los que pudieron ir a sus casas, especialmente los de grupos de riesgo como ancianos y personas con enfermedades, tan solo representan el 4,7 % de los 748.009 presos en Brasil, el país con la cuarta mayor población carcelaria del mundo. EFE

Río de Janeiro.- El coronavirus sigue avanzando en las cárceles de Brasil, que ya suman 66 muertes y 7.220 contagios de internos en el segundo país más afectado por la pandemia en el mundo, mientras que sus familiares siguen a oscuras por falta de noticias de sus parientes desde que las visitas fueron prohibidas.

De acuerdo con un estudio divulgado este jueves, siete de cada diez familias de presos se quejan de no contar con ninguna información ni contacto con sus parientes desde que las cárceles de Brasil cerraron sus puertas a visitantes para frenar la COVID-19.

La única información que tienen son las estadísticas que muestran el rápido avance de la pandemia en las cárceles de un país que se ha convertido en uno de los nuevos epicentros globales de la pandemia, con más de 75.000 muertes y casi 2 millones de contagios.

Según las estadísticas del Consejo Nacional de Justicia (CNJ), el número de muertos entre presos en todo Brasil subió un 288 % en los dos últimos meses, desde 17 fallecidos a comienzos de mayo hasta 49 a comienzos de junio y hasta 66 a comienzos de julio, mientras que los contagios saltaron un 2.237 % en el mismo período (desde 309 hasta 1.736 y hasta 7.220).

Y eso pese a que el primer caso en una prisión fue registrado el 8 de abril, casi mes y medio después de la llegada de la enfermedad al país.

De la rapidez con que la pandemia avanza en las hacinadas cárceles brasileñas no se salvan ni los guardias, entre los que se contabilizan 61 muertes y 4.772 casos confirmados.

El número de contagiados puede ser muy superior debido a que solo el 2,18 % de la población carcelaria ha sido sometida a exámenes de diagnóstico, admite el Departamento Penitenciario Nacional (Depen) del Ministerio de Justicia.

El sistema carcelario es una de las mayores preocupaciones de las autoridades sanitarias debido a la facilidad con la que el virus puede transmitirse en lugares cerrados y con aglomeraciones, y especialmente por las mundialmente condenadas condiciones de extremo hacinamiento en presidios, cárceles y comisarías de Brasil.

«En Brasil, cuyo sistema carcelario es reconocido como inconstitucional hasta por la Corte Suprema, la superpoblación y las pésimas condiciones estructurales y de higiene van en contramano a las recomendaciones de seguridad sanitaria de todos los órganos de salud», reconoce la CNJ, el órgano gestor del sistema judicial.

De acuerdo con la entidad, en un intento por evitar que se agrave la situación, los jueces aceptaron retirar de las cárceles a unos 35.000 presos entre marzo y mayo y concederles prisión domiciliaria.

Pero los que pudieron ir a sus casas, especialmente los de grupos de riesgo como ancianos y personas con enfermedades, tan solo representan el 4,7 % de los 748.009 presos en Brasil, el país con la cuarta mayor población carcelaria del mundo.

LAS FAMILIAS SIGUEN A OSCURAS

Y mientras que los presos siguen expuestos al virus tras rejas, sus familiares siguen a oscuras sobre la situación en que están.

De acuerdo con un sondeo de la Fundación Getulio Vargas (FGV) con 1.283 familiares de presos en cárceles del estado de Sao Paulo, el 69,6 % dice no tener contacto ni información sobre sus parientes.

Los pocos que cuentan con noticias las reciben por carta o por llamadas de los abogados, según el estudio elaborado conjuntamente con la Asociación de Familiares y Amigos de Presos y Presas.

Los datos se limitan a Sao Paulo, que con 46 millones de los 210 millones de habitantes de Brasil es el estado más poblado del país, pero sus resultados pueden repetirse en otras regiones, dijo a Efe Grabriela Lotta, coordinadora del estudio e investigadora de la FGV.

«Pese a que estábamos concentrados en Sao Paulo terminamos recibiendo unas 200 respuestas de otros estados. Sabemos que hay estados que están más preocupados con dar soporte a las familias pero hay otros donde la situación probablemente es peor», afirmó.

En cerca de 15 de los 27 estados de Brasil se han implantando sistemas de visitas virtuales, pero los familiares se quejan de la fila de espera, del poco tiempo para la visita y de dificultades de conexión, explicó la investigadora.

Para el 54,1 % de los familiares la principal preocupación es con la condición de salud del preso y un 42 % teme que su pariente se haya contagiado de coronavirus, pero la salud mental de los internos por la falta de visitas también es mencionada, así como la posibilidad de que estén pasando necesidades ya que sin visitas no reciben alimentos ni otros artículos que necesitan.

Algunos familiares dijeron que recibieron informaciones de que sus parientes están con COVID-19 o que compañeros de celda han muerto y un 53,7 % asegura que sus parientes presos tienen problemas respiratorios o cardíacos, lo que los haría más vulnerables.

«Además de la preocupación con la alimentación limitada ofrecida en algunas unidades, las familias están con dificultades para enviar alimentos tanto por la prohibición de las visitas como por haber perdido la renta por causa de la pandemia», según Lotta.

El 80 % de las familias dijo que su renta se redujo y el 26,5 % que se quedó sin ningún tipo de rendimiento por la pandemia.

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