Ortega ha radicalizado su autoritarismo para garantizar sucesión dinástica, según análisis

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San José.- El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ha radicalizado su autoritarismo para garantizar su permanencia en el poder -junto con su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo-, así como su sucesión dinástica, según un análisis del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam) enviado este martes a EFE.

«El 2024 (se) inició para Nicaragua con mayores incertidumbres y pocos pronósticos favorables para la población a causa de la radicalización autoritaria que el régimen encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo tienen en curso para asegurar a toda costa su permanencia en el poder y la sucesión dinástica», valoró la Cetcam en un informe.

A juicio de ese centro de pensamiento integrado por investigadores centroamericanos de distintas disciplinas, con sede en Costa Rica, 2023 y los inicios de 2024 han estado marcados por un proceso de institucionalización del «estado policial de facto» que los Ortega Murillo impusieron sobre Nicaragua desde 2018, cuando estalló una rebelión popular.

Esa “institucionalización” tiene como pilares la creación de un marco jurídico que legaliza la vigilancia, el control y la represión sobre toda la sociedad y sobre grupos de personas específicas, anotó.

Ha aplastado a la oposición y perseguido a la Iglesia

Para la Cetcam, ese es el objetivo de Ortega con la reestructuración de instituciones claves como la Policía, el Poder Judicial, el servicio exterior y las alcaldías, así como la radicalización de los repertorios de represión con violaciones de derechos humanos que constituyen una excepcionalidad como es el caso de los destierros, desnacionalizaciones, retenciones migratorias y negativas de ingreso al país, entre otras.

«A esto se suma la destrucción del valioso capital social que la sociedad nicaragüense había construido a lo largo de varias décadas con la eliminación de miles de organizaciones de sociedad civil, filantrópicas y religiosas, así como la imposición de una estructura de vigilancia y control sobre la ciudadanía compuesta por aparatos estatales y para estatales Nicaragua», argumentó.

En ese sentido, ese organismo puntualizó que 2023 fue uno de los peores años de persecución a la libertad religiosa e incluyó el «secuestro», encarcelamiento, destierro y expulsión de más de 200 sacerdotes, religiosos y religiosas, entre ellos los obispos Rolando Álvarez e Isidoro Mora.

Para la Cetcam, la explosiva combinación de crisis sociopolítica prolongada, radicalización autoritaria, adoctrinamiento político y control de centros educativos, agravios a las creencias religiosas y difíciles condiciones de vida ha profundizado el descontento ciudadano, incluso dentro de las propias filas de apoyo al régimen debido a las amenazas y vigilancia.

En 2024 avanzará en la radicalización autoritaria

En estas condiciones, 2024 tiene la perspectiva de ser un año donde el régimen avanzará en la radicalización autoritaria y la creación de condiciones para la sucesión dinástica a fin de prevenir su acelerado debilitamiento y que el momento del “traspaso” de poder familiar se convierta en una “oportunidad” para un cambio político de mayor envergadura, según el análisis de ese organismo.

El pasado 10 de enero, el presidente Ortega cumplió 17 años consecutivos en el poder, los últimos 7 con su esposa, Rosario Murillo, como vicepresidenta, en el país menos democrático de Centroamérica y donde las críticas o disidencias son respondidas con severas medidas que incluso suponen cárcel, destierro o privación de nacionalidad, según han denunciado organismos de defensa de los derechos humanos.

De acuerdo con distintos sectores, incluido el Episcopado nicaragüense, con el que mantiene fuertes tensiones, el líder sandinista apuntala la perpetuación en el ejercicio del poder, su concentración en unos pocos -principalmente familiares-, el control social mediante organismos partidarios y la militarización del Estado. EFE