Nuevo arzobispo de Tegucigalpa llama a los hondureños a salir del pecado y no caminar más en la noche de apetitos desordenados

0
353

Tegucigalpa.- El nuevo arzobispo de Tegucigalpa, Vicente Nácher Tatay, llamó este domingo a “salir del pecado” y no caminar más en la noche de apetitos desordenados, en la homilía correspondiente al cuarto domingo de Cuaresma, tiempo preparatorio para la Semana Santa.

“Amigo sal de tu error, de tu miedo, de tu egoísmo, de tu incredulidad, sal de tu pecado. Despierta y vive, no camines más en la noche de tus apetitos desordenados, nos dice Jesús en esta Cuaresma”, rezó el nuevo arzobispo.

El religioso repasó con sus palabras sobre el valor de la vida después de leer el pasaje bíblico en el que Jesús resucita a su amigo Lázaro.

“Hay veces que Jesús perdona y rehabilita, pero le corresponde a la comunidad acompañar de la mano al que ha salido de la oscuridad para que pueda caminar junto a nosotros”, dijo.

El misionero valenciano refirió que la iglesia es una comunidad, no es una comunidad de perfectos, sino de redimidos por el amor hasta el extremo de Cristo.

El agua, la luz y la vida son catequesis bautismales que hemos escuchado durante los cuatro domingos de Cuaresma, reseñó.

Nácher Tatay indicó que, a pesar de que haya agua y luz, no brotará vida nueva si no hay un sustrato sobre el cual modelar la nueva existencia.

“Esa tierra somos cada de nosotros con toda nuestra condición humana, en la cual no se da una vida biológica sino divina”, dijo.

En resumen, aseveró que todos somos redimidos por la compasión divina de Cristo, el Hijo de Dios.

El nuevo arzobispo de la Provincia Eclesial de Tegucigalpa, Vicente Nácher Tatay, asumió este sábado su cargo dentro la cúpula de la Iglesia Católica en Honduras y sustituyendo al cardenal Óscar Andrés Rodríguez.

Nácher Tatay recibió el báculo, el anillo, la mitra y solideo, para ser ahora el máximo prelado de la arquidiócesis de la capital.

El acto religioso estuvo a cargo del cardenal Oscar Andrés Rodríguez, quien renunció como parte de las obligaciones religiosas, una vez alcanzada la edad de 75 años. La renuncia fue aceptada por el papa Francisco.