La economía argentina sigue estancada y se encamina a su peor saldo en años

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Un hombre pasa frente a un local comercial cerrado por la crisis económica, este martes, en Buenos Aires (Argentina). EFE

Buenos Aires.- La actividad económica de Argentina dio en septiembre pasado señales de continuar estancada y se encamina a cerrar el 2019 con su peor desempeño de los últimos diez años, un dato que delinea un panorama sombrío para el gobierno que tomará las riendas del país dentro de dos semanas.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó este martes que la economía argentina cayó en el noveno mes del año un 2,1 % en términos interanuales y un 1,6 % en comparación con agosto pasado, cuando ya había sufrido un fuerte retroceso en medio de severas turbulencias financieras.

De acuerdo con los datos oficiales, en los primeros nueve meses del año la actividad económica -un indicador que arroja datos provisionales sobre la evolución del producto interior bruto (PIB), de carácter trimestral- acumuló un descenso del 2,3 %.

El informe oficial dado a conocer este martes deja ver que las actividades que más cayeron en septiembre en términos interanuales fueron la pesca (-44,2 %), la intermediación financiera (-14,6 %), la construcción (-6,5 %), el comercio (-5,2 %) y la industria manufacturera (-5 %).

Los únicos sectores de relevancia económica en Argentina que han mostrado mejoras respecto a igual mes de 2018 fueron la agricultura y la ganadería (11,8 %) y la explotación de minas y canteras (2,2 %).

«La actividad económica continúa estancada en septiembre, sin indicios de reactivación en el corto plazo», advirtió la consultora Orlando Ferreres en un informe.

La economía argentina, en recesión desde 2018, había dado signos de levísima recuperación en algunas ramas de la actividad en el segundo trimestre del año, pero todo atisbo de mejora quedó truncado en el «agosto negro» que vivió Argentina en términos financieros tras las primarias celebradas ese mes.

Los mercados reaccionaron con pánico al buen resultado en esos comicios del peronista Alberto Fernández, finalmente electo presidente en las elecciones de octubre, y se desataron severas turbulencias, en particular en el mercado de cambios.

La fuerte subida del valor del dólar estadounidense tuvo un impacto directo en la inflación, que dio un salto del 5,9 % en septiembre.

«Así, tras la corrida cambiaria que desembocó en una aceleración de la inflación y en una retracción aún mayor de los salarios reales, las perspectivas para los últimos meses del año no son alentadoras», sostuvo Orlando Ferreres & Asociados en su informe.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que Argentina cerrará 2019 con una caída en su PIB del 3,1 %, un pronóstico muy similar al de los economistas privados que mes a mes consulta el Banco Central argentino y cuyos últimos cálculos marcan una contracción del 3 % para este año, aunque hay proyecciones aún más negativas.

«La economía ya lleva más de veinte meses en recesión. Luego de la devaluación de agosto y el consecuente rebrote inflacionario en un contexto de caída del consumo, la economía probablemente cerrará el 2019 con una caída cercana al 5%», vaticinó en un informe el Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala.

De cumplirse cualquiera de estos pronósticos, la economía argentina se anotará este año su peor desempeño desde 2009, cuando el PIB cayó un 6 % como consecuencias de la crisis global desatada el año anterior y los arrastres del severo conflicto del sector agropecuario local que estalló en 2008.

Exactamente en dos semanas, el presidente Mauricio Macri dejará la Casa Rosada con una economía en recesión desde el segundo trimestre de 2018.

Desde que Macri asumió la Presidencia, a finales de 2015, la actividad económica tuvo una evolución cuanto menos mediocre: retrocedió un 2,2 % en 2016, se recuperó un 2,9 % en 2017, se contrajo un 2,5 % en 2018 y profundizó su recesión en 2019.

Las proyecciones para el próximo año no son alentadoras: el FMI vaticina una contracción del 1,3 %, mientras que las consultoras privadas locales proyectan en promedio una caída del 1,7 %, pero también hay pronósticos mucho más pesimistas.

Según la consultora LCG, el PIB retrocederá un 3,8 %, en buena parte por el «arrastre estadístico» de 2,3 puntos porcentuales de la caída del 3,2 % calculada para 2019.

Alberto Fernández ha prometido impulsar el consumo doméstico y las exportaciones para reactivar la actividad, aunque su programa económico, del que se conocen pocos detalles, partirá de una base muy complicada, con recesión, alta inflación, problemas fiscales y la sombra de millonarios vencimientos de una deuda pública en ciernes.

«Tenemos que volver a encender la economía. Tenemos que volver a fabricar, a dar créditos», dijo este martes Fernández, quien recordó que la economía lleva dos años «paralizada». EFE

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